domingo, 28 de octubre de 2012

Llegó el día

5:45 AM, 17 de Octubre. Me levanto tranquila, sin nervios latentes. Había dormido poco durante la noche, 4 horas aproximadamente. Me cambié rápido, hice lo que sea que tenía que hacer que no había preparado ya la noche anterior. Di un par de vueltas. Me preparé adelante del espejo como toda mujer, debo admitir. Esperé a que mi familia terminara de desayunar; partimos en auto. Llegamos a la clínica alrededor de las 7. En todo el viaje escuché música con el ipod, mi fiel acompañante.
Llegué a la clínica de bastante buen humor. Mis padres me abrazaron y pude percibir tanto emoción como nervios, yo seguía tranquila. Entramos, me anoto, vemos llegar al cirujano. Por poco lo abrazo, pero me contuve. No, enserio, casi lo abrazo, significa que confío en esa persona y que estaba dispuesta a apoyar la cabeza en el quirófano para que me opere, y eso es bastante decir. Nos adentramos en la clínica, accedimos a un pasillo donde se encontraba el vestuario para pacientes. Yo estaba muy emocionada, muy contenta. Mamá estaba bastante nerviosa, se movía precipitadamente de un lado a otro, casi sin escuchar lo que nos decía la enfermera. Ella parecía amable. Era rubia con reflejos más oscuros, tendría al rededor de unos 30 años, más baja que yo. Tenía unos rasgos faciales un poco cansados. Me pareció percibir que había pasado por esto muchas veces: cierta persona a punto de operarse, nerviosa y omitiéndola. Aunque la operada en este caso era yo, como me encontraba en una dimensión completamente distinta se tenía que dirigir a mi madre, que también la omitía. Ella nos indicó lo que teníamos que hacer con nuestras pertenencias, ropa y demás. Me despedí de mi papá y mi hermano con un abrazo y los vi atravesar las puertas que separaban el anteúltimo paso antes de la cirugía de todo lo demás.
Nos metimos en el vestuario. Mi madre seguía moviéndose apresuradamente de un lado a otro. La enfermera nos dio indicaciones de lo que nos teníamos que poner y se retiró. Yo me cambié en un suspiro, contenta de la vida. Hasta el momento nada parecía preocuparme ni atemorizarme. Salimos de la sala, yo muy divertida con mi bata y gorra, y pude alcanzar a ver a gente del otro lado del vidrio, a lo lejos, con sus miradas posadas en mí. Podía sentir la curiosidad: de qué la operarán? por qué está tan feliz? qué le pasa? qué tiene? En fin, vi llegar a mi fonoaudióloga de tantos años, Gina, que también fue a cambiarse. Pronto las tres entramos en un pequeño sector rodeado por cortinas donde había una camilla, la anestesia, y demás cosas básicas para mi preparación. Y fue ahí cuando comencé a flaquear.
Me acosté en la camilla y empecé a llorar. Sí, tenía miedo. Había soñado un montón de veces con el momento en el que me ponían la anestesia y me despedía de todo. Aparecieron dos enfermeras más que trataron de tranquilizarme junto con mamá y Gina. Una incluso me abrazó y estuvo todo bien hasta que me tuvieron que poner la primera inyección. Sacó una jeringa, preparó todo y procedió a inyectarme la primera dosis de suero y anestesia. Una punzada recorrió por todo mi cuerpo, me acuerdo que fue horrible, hasta que después se empezó a aplacar de a poco.  Pero yo seguía llorando, me calmaba y volvía a romper a llorar. Mi mamá y Gina me sonreían, yo les devolvía la sonrisa con los ojos todos llorosos, de verdad quería parar de llorar. Miraba hacia mi costado arriba y veía caer las gotas del suero y la anestesia, una por una, a ritmo constante, y deseaba tranquilizarme, que pase todo ya... Clac, clac, clac. Por suerte me dejaron tomar el ipod y escuchar música clac y ahí clac me tranquilicé un poco clac clac. Empecé con canciones lentas para calmarme y terminé escuchando temas mucho más coloridos y alentadores mientras Gina y mamá me calmaban y mimaban, y el clac clac clac por fin dejaba de tener tanta importancia.
Yo pensé que me iban a dormir ahí, pero no fue así, por lo que la espera se me volvió interminable. Finalmente llegó el momento, me tenía que parar y dirigirme hacia el quirófano. Fuimos caminando lentamente, yo apoyada en alguna persona, no recuerdo bien quién, con el suero y la anestesia en la mano. Entramos al quirófano. Me lo había imaginado mucho más oscuro como en las películas o series. Sin embargo estaba todo iluminado con su personal trabajando metódicamente, repitiendo un proceso. Tan familiar para ellos, tan nuevo para mí.

martes, 16 de octubre de 2012

Dejar entrar el sonido

(11/10/12) Ajam, faltan 6 días para implantarme. Qué raro! Es como si todavía no cayera en la cuenta que se viene, que inevitablemente se viene. Y estoy contenta, de verdad que sí, pero era de esperarse que me agarrara un poquito de miedo por el tema del quirófano y demás. Digo, no? A quién no le dan miedo las operaciones? No es tan fácil entregarse completamente y perder el control de tu cuerpo y mente, de lo que te pasa o va a pasar, la anestesia. Eso en realidad es lo que más miedo me da, no saber cómo va a ser, qué voy a sentir, si me voy a arrepentir. Probablemente cuando pase todo y lea esto piense que estaba loca después de todos los beneficios que voy a ganar.
Pero hay algo que me desconcierta aún más y es de las cosas más absurdas. Como tengo que hacer reposo voy a estar ausente por un tiempo, y esta ausencia de alguna manera la coloco en el mismo lugar de la muerte. Es decir, y reitero que es completamente absurdo, qué pasaría si me muero? No por la operación, sino por casualidad. Qué lugar ocupo en la vida de los demás? La vida sigue, sin más? Se olvidarían de mí? Y eso me puso a pensar mucho sobre los planes que tengo para mi vida, del tipo de persona que quiero ser. El implante definitivamente me acerca a eso, me va a conectar con el mundo.
(15/10/12) Y ahora el implante ya es pasado mañanaaaaaaaaaaa! Y me estoy poniendo nerviosa, ansiosa, miedosa, todosa, pero de alguna manera sigo tranquila. Fuck me, right? Mi capacidad para controlar ese tipo de sentimientos frente a la gente es terrible. Todos me preguntan cómo me preparo, si estoy contenta, etc etc; mis respuestas son siempre las mismas. Estoy bien! Pero no.
(16/10/12) Es buenísimo ver cómo evolucionan mis sentimientos y pensamientos con respecto a la operación a medida que me acerco a la fecha. ES MAÑANA! Y estoy bastante tranquila por el momento. La gente me está apoyando mucho, me demuestra su amor, cariño y afecto, y me hace sentir bien! Ya no le doy tanta importancia a eso que puse al principio, se me pasó. Me había olvidado de poner lo más obvio, que sería cuánto va a cambiar mi vida después de esto. Empiezo una etapa completamente nueva. Dejo entrar el sonido y... quién sabe a dónde me va a llevar? Pero es positivo, no me tengo que olvidar de eso. Me siento bien, segura. No hay manera de que salga mal. Quizás sí, pero lo único que me importa es que yo me siento bien. Cuando me agarra ese tipo de seguridad, de certeza... no hay nada que lo pueda cambiar. El sentimiento llegó para quedarse, y sé que todo va a salir bien. Tiene que salir bien. Todo lo que hice, lo que crecí con esta experiencia me va a llevar a un lugar mejor, me prepara muchísimo para todo. Sin embargo, me tengo que focalizar en el presente, en lo que siento ahora. Y sé que es el momento adecuado, no podría estar más preparada. Lo asimilé, lo procesé, y ahora estoy lista para ponerlo a prueba. Yo puedo. Sé que puedo.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Carta de aliento (última parte)

Hola Millie! Me pasó tu blog Juliette, y lo leí y quise escribirte un comentario, pero no pude publicarlo porque no tengo blog (creo que fue por eso, no manejo mucho estas tecnologias jaj).
Quería comentarte que una oración que escribiste " Por qué conformarme con poco?" contiene una verdad enorme!! ¿Por que conformarte con poco si te merecés lo mejor de la vida, como todo ser? Todos los cambios asustan, todos nos asustamos ante lo desconocido. Y nos acostumbramos a vivir mal, el 99% de las personas, cada una con su dolencia o dificultad por superar, oído, vista, circulación, bla bla y ni hablar del ánimo! Nos acostumbramos a vivir tristes, apagados, alienados, desconfiando, teniendo miedo, y llegamos a pensar que eso es lo normal, lo natural. De ninguna manera. Por lo que leí en tu blog sos una persona valiente, alegre, buscadora, creativa, talentosa. Y que tiene ganas de ESCUCHAR lo que la vida tiene para decir a través de mil formas. El oído no es indispensable para escuchar la vida, pero la verdad es que oír ADEMAS de escuchar de otras maneras, te puede aportar muchas cosas hermosas que van a contribuír a tu plenitud como persona, a tu desarrollo, a tu felicidad, a que no te pierdas nada que tal vez tengas ganas de hacer que incluyen el sentido del oído, hoy o el día de mañana. Por qué perdértelo? Siempre que tenemos algo así que nos asusta por delante creemos que es un fantasma enorme, lo peor del mundo, y cuando damos el paso y ya está... no podemos creer que se trataba de algo tan simple. 
Disculpá si te invadí el face con este mensaje sin permiso jaj... sólo quería decirte estas palabras y alentarte porque no hay nada que perder!!! y mucho por ganar.
Hermosa la pintura de colores que tenés en el blog!
Te mando un beso, 
Caro

Sí, justo después de ese episodio que pasé en el colegio me encontré con esta linda sorpresa en el inbox de mi Facebook. Imposible de esperar. Fue increíble cómo después de estar verdaderamente dispuesta a dejar entrar el implante en mi vida se me abrieron un montón de puertas diferentes. Empecé a ver lo bueno en vez de lo malo. Había tocado fondo y caí en la cuenta que no me quedaba nada sino mejorar con el implante. Pero esto no se trata de mi caso particular, de mi audición; puede ser cualquier tipo de decisión. Siempre nos van a dar miedo los cambios. Nunca sabés si va a ser bueno o malo, si te va a perjudicar o beneficiar. La vida es así, está llena de incertidumbres y eso es lo que hace que valga la pena vivirla. Si ya supiéramos de antemano cómo sería todo no existiría el factor emocionante que hace que sientas curiosidad, miedo, valor, ansiedad, alegría, en fin, todo un menjunje de sentimientos que, al fin y al cabo, son muy lindos y que nutren nuestras vidas. Me daba miedo, pero lo afronté y ahora me siento más fuerte que nunca. Nada es casualidad, como bien dijo Caro, todo forma parte del camino que estamos creando. Poco a poco todo empieza a encajar. "Y fue lo mejor que me pasó en el día, porque si no me hubiese hecho esa pregunta el profesor, yo no hubiese llorado ni hubiese hablado con Elena ni hubiese estado segura hoy que me lo tengo que hacer, que me lo quiero hacer". Eso mismo lo incluí en la respuesta que le mandé a Caro (una amorosa, deberían haber más personas como ella) y me alegra decir que hoy, Lunes 10 de Septiembre, estoy esperando con grandes ansias la operación que se va a realizar el 17 DE OCTUBRE! Sí, señores. Ya tengo fecha para el implante y no puedo estar más contenta con la decisión, probablemente la mejor de mi vida. Así que ánimo, que la todo vale la pena! La vida vale la pena (:

ESE momento (parte III)

Dolieron esas palabras, y mucho. Me sentía impotente porque no podía hacer nada. Lloraba, y no podía hacer nada. No cambiaba nada. Qué iba a hacer? No quiero pensar. No quiero hablar. Dormir. Nuevo día. Tratar de olvidar. Dejarlo atrás y seguir adelante.
Clase de Economía Política, sentada en el fondo. Nunca entiendo nada lo que dice Alex, el profesor, no modula. Bajón. Agarro mi cuaderno de dibujo y comienzo a trazar una línea, una curva, otra línea: una gota. Lo repito en distintos tamaños. Me gustan las gotas. Son transparentes, delicadas, perfectas a su manera. Pinto los contornos de color azul, y el fondo gris con lápiz. Mili. Mili. Me escuchás? Te estoy hablando. Levanto la cabeza y ahí estaba Alex, mirándome desde atrás de sus anteojos redondos, tratando de llamar mi atención. Lo miro, me mira. Qué pasa? No me escuchás?  No. Y si te sentás adelante no vas a escuchar mejor?  Es lo mismo. No entendés nada de nada?  No entiendo nada de nada. No funciona el aparato?  No. No funciona nada, ya no sirve más nada. BAM. Me pegó fuerte lo que le contesté, "ya no sirve más nada". Silencio.

Alex se alejó y siguió dando la clase como si nada. Pero yo no, a mí me afectó. Me levanté de mi banco tratando de contenerme. Sin embargo, cuando llegué adelante para pedir permiso para salir ya había estallado. Salí de la clase bien rápido y fui directo al baño. Me descargué un buen rato. Salgo y estaba Luli, una de mis mejores amigas (y qué haría uno sin amigos?) e inmediatamente nos abrazamos. Me sentí contenida, lo necesitaba. La abracé sin darme cuenta que a partir de ese momento todo iba a mejorar. 
No me dijo mucho, los gestos pueden llegar a valer más que mil palabras entre nosotras, y este fue el caso. Me hizo sentir mejor, que no estaba sola, que aún sin que me entiendan completamente iban a estar ahí para sostenerme. 
Cuando salimos me dio la idea de hablar con Elena, la psicopedagoga del colegio. Ahora, MUY pocas veces encontramos tiempo para hablar con ella porque está ocupada, y además porque viene solo 2 veces por semana. Así que fue un regalo del cielo que ella haya estado ahí, en ese momento, para ser la persona que me haga pensar desde otro punto de vista, que me inspire confianza y que me ayude a avanzar con mi vida. Elena no es tan solo una psicopedagoga. Ella me escucha, me alienta, y siempre tiene las palabras justas para todo. No sé cómo se llaman las personas así, pero de cualquier manera siempre me inspira con todo lo que hace por mí y por los demás.
Nos sentamos a charlar. Me preguntó qué me pasaba, qué sentía, me compartió sus historias de vida. En una me dice "te das cuenta que cuando te implantes vas a escuchar la vida?". LA VIDA, que es lo que yo quiero vivir como se corresponde. Y por más miedo que me daba, ella me mostró que las cosas sólo podían mejorar, me reconfortó, me inspiró seguridad y tranquilidad. Y fue lo mejor que me pasó en el día, porque si no me hubiese hecho esa pregunta el profesor, yo no hubiese llorado ni hubiese hablado con Elena ni hubiese estado segura hoy que me lo tengo que hacer, que me lo quiero hacer.

sábado, 25 de agosto de 2012

Antes del cambio (recapitulación, parte II)

Yo seguía con ese miedo adentro mío que no me podía sacar. Me repetía constantemente que iba a ser positivo, que no tenía por qué tener miedo, que esto me iba a ayudar! Pero por más racional que sonaba, me seguía doliendo. Yo mencioné que en un punto dejé de llorar, pero después volvió. Lloraba cada vez que hablaba de mi audición o del implante. Lloraba por dentro sin que nadie se diera cuenta, y el tiempo pasaba y pasaba y todavía no estaba en paz con la decisión de implantarme. Sabía que lo tenía que hacer tarde o temprano, pero no quería, y si no quería estaba todo perdido. Estuve mucho tiempo en este estado, tratando de aceptarlo, pero todavía no lo quería. No sabía cómo hacer para quererlo. Y si no querés algo, no vale la pena buscarlo, no tiene sentido. Hasta que llegó un día, el día que iba a cambiarlo todo. Tuve muchos momentos "reveladores", pero ninguno como este, porque gracias a ese mismo día pude avanzar finalmente con mi vida, dejé de quedarme estancada en el mismo lugar.
Hubo un momento en el que intenté escribir sobre el tema, pero lo dejé a la mitad: "Pasa el tiempo, cada vez me alejo más de mi mundo y me meto en uno nuevo. Escribir era lo que mantenía dentro de mi propia realidad, pero con tantas cosas pasando constantemente era imposible no tener presente el mundo real, la vida que pasaba delante de mis ojos. Es casi paradójico, si te ponés a pensar. Se suponía que tener los pies en la tierra sería algo bueno, pero ahora me encuentro con que solo estaba para distraerme de mi propio mundo, donde reinan mis pensamientos y donde no necesito dar explicaciones, donde todo tiene sentido; mi locura racional. ¿Qué pasaba en el mundo real? En éste me percataba cada vez más de cuánto me fallaba la audición, de cuánto me estaba desprendiendo de todos, alejándome de todo simplemente por no tener la capacidad de comunicarme con el resto, simplemente porque no tenía el cable que me conectaba al mundo. Y yo podría haber escrito sobre todo esto para poder pensarlo otra vez, para analizarlo mejor, y sin embargo no encontraba el tiempo para hacerlo, o las palabras.
Pasé mucho tiempo aferrada a ese miedo que le tenía al implante, al gran cambio, a la idea de que nada vuelva a ser igual. Fue un proceso muy largo de asimilación que nunca hubiese concluido a no ser por una serie de episodios que ocurrieron dentro de una semana."
Fue una suma de eventos que vinieron uno atrás del otro, como si estuviera destinada a pasar por ello y todo al fin parecía encajar perfectamente. Estamos hablando de hace un par de meses, en Marzo, no recuerdo qué día, pero sí todo lo que pasó. El día anterior había ido a la psicóloga, Martes a la tarde. Habíamos estado conversando acerca de mi implante, porque la fecha ideal giraba en torno a las vacaciones de invierno y yo todavía no lo había asimilado. El tiempo cada vez era más corto y se me venía encima. Sentía mucha presión por aceptarlo YA, porque era el tiempo de hacerlo y no lo podía postergar más. Las vacaciones eran el momento justo porque se adecuaba a mi vida, iba a tener tiempo para el reposo, no iba a tener que faltar a clase, y ya para el año que viene podía estar bien. Tenía mucho sentido y sin embargo, yo seguía luchando contra eso. Cuestión, hablábamos con ella de mi audición, de cómo me sentía actualmente, y me puse a llorar como nunca antes lo había hecho. Me acuerdo que le dije "nadie me entiende, nadie entiende lo que siento, nadie sabe nada". Me sentía sola. No podía pasar por esto sola. Sus palabras resonaron en mi cabeza: "Veo que no estás lista. Lo vamos a tener que postergar". Nueva catarata de lágrimas. Ese momento se sintió como una derrota. Todo el esfuerzo que había hecho para evitar esas palabras se desvaneció en dos segundos.

jueves, 23 de agosto de 2012

El Muro (recapitulación, parte I)

El pequeño pasaje que va a aparecer a continuación lo escribí hace poco. Hace mucho que no publicaba en el blog y tengo TANTAS cosas para decir que no sé por dónde empezar. La vida me sorprendió una vez más. Por eso, quiero empezar la recapitulación del proceso por el que pasé para terminar así, hoy, escribiendo estas palabras. 

   Corro. Me choco contra una pared de ladrillos y caigo. Me levanto y corro de nuevo. Vuelvo a chocar. No pasa nada, se puede correr para otros lados, me digo. Me levanto una vez más y en esta oportunidad ya no corro, troto. Voy mirando, buscando. Buscando qué? Una salida, un muro el cual atravesar? Puede ser. Yo solo sigo para adelante. Uf, el muro de nuevo. Qué es esto? No quiero seguir si siempre me pasa lo mismo, siempre vuelvo a chocar, siempre termino en el mismo lugar. Pareciera que las caídas anteriores no me enseñaron nada. Pero qué? Se supone que me tengo que quedar inmóvil, olvidando la suave brisa acariciando mi rostro cuando corro? Olvidando el sentimiento de libertad, de poder, de control sobre mi cuerpo; controlando mi respiración, mi pulso, mi velocidad, mi todo? Hay veces que el éxtasis dura más tiempo, mi paz interior parece que va a durar para siempre. Pero cuando menos lo espero, el muro de nuevo. Hay veces que ni siquiera corro, solo camino, subconscientemente evitando otro choque. Pero en esos momentos no siento nada más que enojo conmigo misma por dejar pasar el tiempo, por desaprovechar el viento. Qué vas a hacer? Por qué no buscás otra alternativa? Vos podés. No te da curiosidad saber qué hay del otro lado? Pero primero tengo que saber de dónde sale esa pared. Qué hice? Soy yo o hay alguien que lo maneja desde afuera, o que también trata de salir pero al mismo tiempo entra donde estoy yo? Hay alguien afuera? Hay alguien adentro? Y si no lo maneja nadie? Y si simplemente están porque tienen que estar, porque de esa manera tenemos un desafío por delante que nos impulsa a seguir corriendo? De nuevo las preguntas. Veo tantas paredes por todos lados que termino creando mis propios muros dentro de mi mente. Caminos que no llevan a ningún lado, laberintos infinitos de los cuales desconozco su fin. Pero para qué quiero conocer su fin? Lleve donde me lleve, yo creo que voy a terminar bien.

    Un ruido, un temblor, un viento suave me atraviesa y sorprende desde atrás. Me doy vuelta. Se cayó un muro. Y ahora? Corro. Me choco contra una pared de ladrillos y caigo. Me levanto y corro de nuevo…

lunes, 11 de junio de 2012

La vida es muy corta para no ser feliz


La vida es muy corta
para no vivirla plenamente,
la vida es muy corta
para no disfrutar de cada segundo que respiramos,
la vida es muy corta
para no detenernos a ver las nubes,
la vida es muy corta
para no perdonar los errores,
nuestros y de los demás,
la vida es muy corta
para vivir para trabajar,
la vida es muy corta
para no disfrutar de nuestros seres queridos,
la vida es muy corta
para no sonreír lo suficiente,
la vida es muy corta
para no hacer las cosas que nos dan felicidad,
la vida es muy corta
para no besar a alguien todos los días
la vida es muy corta
para no tener un amor verdadero,
la vida es muy corta
para complicarla con cosas simples
la vida es muy corta
para no aprender lo más rápido posible de nuestros errores
la vida es muy corta
para no hablar con ese alguien que hace que se nos caigan las medias
la vida es muy corta
para hacer tantas, pero tantas cosas,
que nunca acabaría de escribir.
Simplemente, la vida es muy corta
¡para no vivir en paz y no ser feliz!